Lanza

La Lanza

Puerta secreta que conduce hasta la Cruz interna

“Tiene lanza, pero no se ve la punta por estar dentro del Corazón, pero sí la ancha herida, que hace brotar sangre entre líquida y cuajada, y escurre sobre la Cruz”

(Ap. C.p. 3)

La realidad del costado traspasado de Jesús sobre la Cruz es atestiguada por el evangelista San Juan (19,31-37).

Los guardias perforaban a veces el costado de los reos para asegurarse de que ya habían muerto. Al abrir el costado de Jesús “inmediatamente salió sangre y agua”. El fenómeno puede explicarse de manera natural: en un recién muerto la sangre puede aún escurrir y el agua que mana puede ser el resultado de un derrame en la pleura. Conforme a la tradición rabínica, el cuerpo está compuesto de agua y sangre, -el equilibrio de ambos mantiene la salud humana-; la efusión de los elementos por separado señalaría la realidad de la muerte.

A San Juan le interesa vivamente el dejar asentado que Jesús había muerto en realidad para apoyar la creencia en la Resurrección, ya que en el siglo primero algunos herejes docetas alegaban que se trataba de un estado de coma y no de una muerte verdadera.

El evangelista presenta a Jesús como una Víctima sacrificial: en su pasión el redentor deja destilar hasta la última gota de su sangre. La Mishna prescribía que la víctima fuera desangrada.

Juan considera el hecho de la lanzada y la efusión del líquido como signos de la donación del Espíritu.

Desde los primeros siglos los autores espirituales descubrieron un simbolismo misterioso en el agua y la sangre salida del costado abierto de Jesús. Unos dijeron que presentaba el doble bautismo: de agua y de sangre. Otros indican que representaban los dos sacramentos: el agua, el bautismo; la sangre la Eucaristía.

La lanza figura la ingratitud humana. Al Corazón pueden entrar todas las almas por su ancha herida, que se abre para acogerlas y las convida a penetrar más profundamente en su centro. Es la puerta secreta que conduce hasta la Cruz interna.

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