Paloma

Una Paloma

Espíritu Santo, sabiduría, fuego, motor, AMOR. Y al mismo tiempo fin, Él realiza la consumación en la unidad con el Padre y el Hijo.

“Encima de todas estas clases de luces con miles de rayos de oro y fuego, una paloma blanca, extendida de sus alas, mero arriba, como abarcando todo aquel conjunto de luz”

(Ap. Cp. 1)

Son muy significativos los pasajes de la Sagrada Escritura en los que se menciona la paloma.

En el primer relato de la creación, sobre el abismo y las tinieblas primordiales el Espíritu de Dios “aleteaba” para incubarlo y darle consistencia. Así, la paloma, expresa gráficamente el poder vivificante y creador de Dios.

Vuelve a aparecer una paloma después del diluvio: se da inicio a una nueva creación, después de purificarse la primera (Gn. 8,8-12).

De nuevo el poder de Dios, su Amor, su fuerza vivificante, ampara con su protección a María y se realiza esta purísima creación: la humanidad de Cristo.

Jesús fue invadido por el Espíritu Santo antes de iniciar su misón mesiánica, en su bautismo (Jn, 1,32 pp.). El Espíritu lo impulsó a ir al desierto para prepararse a su vida apostólica (Mc. 1,12 pp.). Declara el cumplimiento de la profecía de Isaías (42,1,4) en la sinagoga de Nazareth: “El Espíritu Santo está, sobre mí”…(Lc 4, 18-21).

Su misión sólo se completará cuando envíe al Espíritu Santo (Jn 16,7.13). Sobre la cruz, Jesús, inclinando la cabeza, entregó el Espíritu (Jn, 19,30) y, en su primera aparición a los discípulos, el Resucitado sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”…(Jn 20,22).

La obra total de la creación-redención que vino a realizar Jesús va a tener su pleno cumplimiento con el envío de Espíritu Santo en Pentecostés.

El Espíritu Santo corona la obra divina y es el que alienta y dirige la obra del amor para llevar a la plenitud su designio amoroso de transformación de cada hombre en Cristo.

Plásticamente está representado en la Cruz del Apostolado el papel del Espíritu Santo en la misión redentora de Jesús: es El quien “cobija” la Cruz y la ilumina. Así también es El quien debe alentar e iluminar la vida de transformación en Cristo de todo hombre: sólo el Amor puede iluminarnos y fortalecernos para llevar a cabo esta ardua empresa.

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