Concepción Cabrera de Armida

Ven. S.D. Concepción Cabrera de Armida

“Conchita”

Nació en México, en la ciudad de San Luis Potosí, el 8 de diciembre de 1862. En el bautismo recibió el nombre de María Concepción.

Fue alegre y notable su candor; joven elegante y bella, asistía a teatros, bailes, reuniones de sociedad y fiestas familiares.

Amó a su esposo como aman la almas puras: intensamente y con un amor que, lejos de distanciarla del amor de Dios, más bien se fundía para ella en uno solo.

Se casó a los veintidós años de edad, fue madre de nueve hijos. Le gustaba tocar el piano, cantar, pasear a caballo.

Conchita vivió veintidós años de soltera, diecisiete de casada y treinta y seis de viuda.

Fueron notables en su vida, la pureza de corazón, el espíritu de sacrificio, la humildad y su gran conocimiento de Dios, a pesar de que apenas recibió la enseñanza elemental.

Conchita es atraída por el misterio de Jesús Crucificado.

Conchita – Marco Histórico

Una pequeña panorámica de estos años en México:

1821: Es ya un país independiente que ha asimilado profundamente la cultura hispana y la religión católica.

1859: Las Leyes de Reforma son expedidas durante el gobierno de Juárez. Varias de ellas son contrarias a la doctrina y a la disciplina eclesiástica, que se consideran como un lastre de la época de la colonia. En virtud de estas leyes son expulsados los obispos, quedando únicamente dos muy ancianos en el vasto territorio. Las órdenes religiosas son perseguidas.

1863: La Junta de Notables, contraria a Juárez, decide adoptar la forma de gobierno monárquica con el archiduque Maximiliano de Austria. Regresan los eclesiásticos expatriados, pero continúan las leyes desfavorables a la Iglesia.

1867: Juárez derroca a Maximiliano asumiendo nuevamente el poder. La persecución a la Iglesia se acentúa. Vuelve a expulsar a sacerdotes y religiosos.

1876: Porfirio Díaz sube al poder y la Iglesia y el país gozan de una relativa calma.

1910: La Revolución Mexicana estalla para derrocar la dictadura porfiriana.

1914: Carranza toma nuevas medidas contra la Iglesia. Desórdenes e inseguridad en todo el país. Atropellos a personas y cosas de la Iglesia.

1926: El presidente Calles agrava la situación de la Iglesia desencadenando una sangrienta persecución. Queda suspendido el culto hasta 1929. Continúa solapadamente la persecución hasta 1940.

Conchita – Esposa

Como era costumbre en esa época, desde trece años asiste a los bailes de familia.

“Me agradaba gustar y tener muchos señores que me iban a sacar a bilar… ya en relaciones con Pancho me hacían mucho caso, yo no me encontraba el chiste, y un día, por no dejar, conté veintidós pretendientes, muchos ricos, pero yo no quise más que a Pancho y nunca le hice caso a ningún otro”.(Autobiografía)

Desde esa edad, trece años, empiezan sus relaciones con Francisco Armida, que años más tarde será su esposo.

“El día 16 de enero de 1876 me llevaron a un baile de familia y ahí se me declaró Pancho en toda forma y acto continuo, le correspondí… Y con las relaciones más o menos cortadas en temporadas exteriormente, porque mi familia le parecía yo muy jóven y con razón, duramos nueve años de novios hasta que nos casamos”.(Autobiografía)

María de la Concepción no ve otro camino para ella que el matrimonio y se orienta totalmente a él. En su interior va creciendo con una armonía muy profunda el amor a Dios y el amor a Pancho.

“A mi no me estorbaba el cariño de Pancho para amar a Dios, yo lo quería con una sencillez muy grande y como revuelto con el amor de mi Dios”.(Autobiografía).

A través de esos largos años de noviazgo hace una oración constante que nos indica ya su inmensa capacidad maternal y el deseo de formar corazones que amen al Señor.

“Le decía cuando comulgaba a mi Jesús: Señor, que me case, y me des muchos hijos para que te amen y te sirvan, Tú ves que yo nada valgo y así ellos te amarán por mí”.(Autobiografía).

Con esa limpieza y sencillez llega al matrimonio. En su esposo encontrará siempre apoyo y cariño, siente por él verdadera admiración.

“Mi marido fue siempre un modelo ejemplar de respeto y cariño; me han dicho varios sacerdotes que Dios me lo escogió excepcionalmente pues fue un ejemplar de esposos y de virtudes. Cuando nos casamos mi marido tenía un carácter muy violento, pero como la pólvora, luego pasaba el fuego y se contentaba apenado; pero al cabo de algunos años cambió tanto que su mamá y hermanas se admiraban”. (Autobiografía).

Esta modificación de carácter es el mejor testimonio de la felicidad que Francisco Armida ha encontrado al lado de María Concepción. Experimenta una plenitud en la presencia de ese “tú” que lo ayuda a integrar y armonizar su propia personalidad, abriéndolo a una nueva capacidad de relación en todos los niveles humanos y especialmente con Dios.

Fruto de ese amor son sus nueve hijos, a quienes dedican toda su atención y cariño.

Conchita – Madre

María de la Concepción redordará siempre emocionada el día, la fecha, la hora y el lugar del nacimiento de cada uno de sus hijos y los sentimientos que brotaron del corazón de su esposo y de ella.

Quisiera transcribir todos esos textos de su autobiografía para que ella misma transparentara su experiencia maternal; como esto no es posible, me limitaré a algunos de ellos, a su primer hijo y a su primera hija:

“El día 28 de septiembre de 1885, a las nueve de la noche y lunes, nació mi primer hijo, ofreciéndolo al Señor con todo mi corazón y también luego que vino al mundo. Su papá, luego que nació se puso de rodillas sollozando y dando gracias a Dios”.

“Quería yo que Dios me diera una niña y no tanto hombre, que ya iban tres seguidos… María de la Concepción se llamó esta niña que mucho me hizo padecer sin saberlo. La quisimos su padre y yo con una especial ternura”

En la última conversación con su esposo, le pregunta: ¿Cuál es tu última voluntad para mí? Y él le responde: Que seas toda de Dios y toda de tus hijos. María de la Concepción cumple fielmente esta voluntad de su esposo.

Cada día más impregnada de Dios, se dedica a la formación de sus hijos. Pasa dificultades económicas, está por estallar la Revolución Mexicana y en medio de esta situación, tiene que velar para darles una muy buena eduación a sus hijos, por su cultura, sus relaciones sociales. Mantiene con cada uno de ellos una relación personal muy profunda, les ayuda a descubrir su vocación tanto al matrimonio como a la vida religiosa, los orienta y sostiene en esa decisión.

Conchita – 14 de enero de 1894

Con permiso de su director espiritual, marca en su pecho a sangre el nombre de Jesús. Este acto lo realiza con una extraordinaria sencillez, pues ha visto marcar a los animales de la hacienda con el nombre de su dueño y quiere expresarle a Jesús su pertenencia total, el deseo de que tome posesión de lo que es suyo. A esta acción tan espontánea, Dios responde con una intervención decisiva en su vida: invade su corazón de un amor nuevo:

“Luego que lo hice, sentí como si una fuerza sobrenatural me arrojara al suelo y con la frente en la tierra, en los ojos las lágrimas y el fuego en el corazón, le pedí al Señor con vehemencia, con un celo devorador la salvación de las almas. Yo no me acordaba de más: almas, almas para Jesús era lo que yo deseaba”.

De aquí arranca el grito, que haciéndola olvidarse totalmente de sí misma, polarizará toda su existencia llenando de nuevo contenido apostólico su vida sencilla de esposa y madre:

Jesús, salvador de los hombres, ¡sálvalos, sálvalos!

Ha tenido un encuentro en profundidad con Jesús Salvador, quien le ha comunicado su mismo amor, su misma inquietud salvífica. Dios ha visitado a su Iglesia, como años más tarde le explicará, pues en ese momento nace un movimiento espiritual de gran utilidad:

La Obra de la Cruz

La Providencia ha confiado a una mujer seglar un mensaje profético para el mundo de hoy, que se encuentra contenido en la cruz misteriosa que días después ella contempla. Es una cruz grande, muy grande, con el Corazón de Jesús en su centro y en lo alto el Espíritu Santo, que la baña con su luz y con su fuego. Toda la vida de Cristo se orienta y se sintetiza en “su Hora”, llevándolo el Amor hasta la suprema donación. “Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos”. (Jn. 15,13). El momento de su muerte es también el momento de su triunfo. Por eso esta cruz, expresión simbólica de “la Hora” de Jesús, es una cruz gloriosa.

Es una invitación a transformar por el amor el sufrimiento que lleva consigo toda existencia humana para que en unión con Jesús sea salvífico. Es un llamamiento a vivir la cruz de Jesús, cruz transfigurada por el Espíritu Santo, cruz que es la gloria perfecta del Padre en la salvación de los hombres.

Conchita – Últimos 12 Años

Continuará…

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